Los colegios y sus pagaré

a Pagare

Uno de los dolores de cabeza más potentes para los padres hoy día, es la educación de los hijos. Indudablemente. Y dentro de ese renglón tan amplio, el colegio y su correspondiente colegiatura, se llevan la mayor parte. A raíz de que saliera en las noticias recientes que un colegio privado había obligado a los padres (“morosos” aclararon después) a firmar un pagaré para permitir a sus hijos permanecer asistiendo al centro educativo, recordé lo que he visto y escuchado en algunos de los colegios que he visitado.

A su tierna edad, mi hija ya ha estado en varios colegios  (este agosto inicia en el 4to.) y en cada cambio he realizado una búsqueda intensa y exhaustiva, que ha involucrado visitas, entrevistas, llamadas que no condujeron a nada, etc. Y más de una vez debí recoger mi quijada que cayó al piso, intempestivamente, ante el asombro provocado por la cifra que esa amable secretaria o directora me informó. Y, por supuesto, ¿cómo olvidar el colegio que ante mi pregunta si no tenían planes de pagos mensuales -como la gente normal creía aún yo ilusamente- me refirió a una entidad bancaria, con la cual tenían un acuerdo para esos padres que “no pueden pagar la colegiatura anual”.

Entonces, si hay colegios que para recibir el pago mes tras mes te mandan a un banco para que pidas un préstamo, y que sean ellos los que corran el riesgo o cojan la pela de cobrar, un pagaré no es nada. Y no es que esté de acuerdo conceptualmente con el pagaré en sí; a mí nunca me lo han pedido y, honestamente, no sé qué haría si este colegio que acabo de elegir de repente me sale con eso. Probablemente ponderaría el estrés de buscar uno nuevo, el progreso que la niña tenga en él y seguro lo firmaría. Porque yo sé que voy a pagar, por tanto no me preocuparía; yo dejaría de hacer cualquier otra cosa antes que no pagar el colegio, pero también sé que hay padres que no piensan así. Todos conocemos familias donde no faltan los viajes, las compras, los lujos, pero deben 8 meses del colegio de los niños. Gente que inscribe los muchachos en colegios que están por encima de sus posibilidades y después se pasan el año, de lío en lío. Y gente que tiene los hijos en colegios cuya cuota puede pagar con el menudo de un fin de semana, y aún así se atrasa 4-5-6 meses. Hay de todo como en botica, pero las reglas deben ser únicas.

Ahora, ¿qué implica realmente un pagaré? Es un compromiso de pago, que autoriza al negocio a cobrarse esos cuartos como sea. La definición de wikipedia es: un documento que contiene la promesa incondicional de una persona (denominada suscriptora), de que pagará a una segunda persona (llamada beneficiaria o tenedora), una suma determinada de dinero en un determinado plazo de tiempo. Su nombre surge de la frase con que empieza la declaración de obligaciones: “debo y pagaré”. La diferencia entre la letra y el pagaré es que el pagaré es emitido por el mismo que contrae el préstamo.

Pero el niño no es una nevera, el colegio no se lo puede llevar. Entonces, si la ley de Educación dice que ningún estudiante puede ser privado de la enseñanza por ninguna razón, ¿qué va a hacer el colegio? Oh, mandarte un alguacil a tu casa. Qué bochorno. A eso es que los padres se exponen y temen.

¿Es correcto, no lo es? Yo no lo sé. Lo único que sé es que es penoso que hayamos llegado a estos niveles de irresponsabilidad, de carestía, de insostenibilidad tanto en el hogar como en los negocios (que eso son los colegios, no son ONG).

Aquí está la noticia original –> http://www.eldia.com.do/nacionales/2013/7/17/119590/Colegios-justifican-pagare-notarial

® La foto es de la web http://todoproductosfinancieros.com/

Un año pasa demasiado rápido

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Este es un día que no quería enfrentar. Esa alarma sonó varias veces gracias al snooze en un, estúpido, intento de retrasar lo inevitable. Levántate y enfréntalo. Esto ha sido demasiado rápido para nosotros, llegamos a este primer año sin ti, casi sin darnos cuenta. La realidad es implacable, he dicho antes, no te da tregua ni tiempo para acostumbrarte, es lo que es y ya.

Esta mañana (en ese continuo intento por no empezar el día) buscaba afanosamente en viejos álbumes fotos de nosotros dos, para poner en este post y usar de perfil. Tristemente me di cuenta que no tenía muchas, los contados cumpleaños de la niña como mucho. Los últimos años no fueron los mejores en cuanto a nuestra relación, y eso lo llevaré como carga. Discutimos mucho, no estuvimos de acuerdo en tantas cosas. Vivíamos, como vive la gente, sin darse cuenta de que vive.

Pero nada, a intentar hoy sólo recordar los buenos momentos, las risas, los viajes a la playa, los quesos con cualquier cosa, los bailes, la vida.

Te extraño y te quiero.

 

Los niños que murieron en San Cristóbal.

Tengo suficientes familiares en barrios de la capital y en pueblos del interior (verdaderos campos) para saber que los niños en estas áreas se crían, prácticamente, por la gracia de Dios. Son libres de andar y jugar a sus anchas durante todo el día y, a veces, sólo a la hora de cenar (si hay con qué) o de acostarse, es que sale alguien a recoger todos los enanos que anden desperdigados. Lo he visto y quien ha pasado horas en nuestros barrios lo sabe también. Ver niños y niñas deambulando (cree uno) frente a su casa, en la acera del frente, en el callejón donde vive, entre su casa y la de la vecina, sabe que así es que se pasan las horas del día.

Por eso es que a veces uno piensa que a sus propios hijos, uno que vive en otras condiciones, rodeados de comodidades, a un mundo de distancia de aquélla realidad, los está criando en un burbuja, en una casa de cristal, sin conocer el mundo real. Esto puede ser verdad hasta cierto punto, o no serlo. Yo no lo sé. Lo que no entiendo ni sé cómo es posible, es que tú tengas un niño de 2-3 años y pasen horas (HORAS) y no sepas dónde está. Ni a uno mayor si a eso vamos.

Sin ánimo de juzgar a los padres o a quien estuviera a cargo de cuidar a esos tres niños que fallecieron dentro de un carro abandonado en una comunidad de San Cristóbal, un niño, hijo o no, es una responsabilidad muy grande. Bien dicen que con los niños, sobre todo pequeños, hay que tener varios pares de ojos, porque se desaparecen en cuestión de segundos, y en milésimas se meten en los líos más inexplicables. Pero precisamente por eso hay que vigilarlos. No sé si es verdad o no que la madre los dejaba al “cuidado” de otra niña de 6 años, no sé si tienen fundamento las críticas, inmediatas, de los vecinos, no sé si el padre era quien los atendía como dijo él mismo, pero hay que ser muy descuidado para que pasen 2-3 (¡hasta media hora!) y tú no salgas a buscar un niño de 2 años.

Pero, como decía al principio, hay una realidad que no es la nuestra. La de nuestros campesinos al dejar los niños libres, hábito que trajeron consigo  a una ciudad que pronto demostró ser tan diferente a su terruño. La de las madres que se ven obligadas a dejar sus crías solas para ir a trabajar; para muchos eso es una locura, una irresponsabilidad, una crueldad, pero es la realidad de tantas y tantas mujeres. Así, vemos noticias de tragedias en que una vela encendida quema una casa y con ella unos niños que, estando solos, no pudieron salir. ¿Qué se hace, a quién se culpa? ¿A la madre que, tal en su deseperación no sabía qué más hacer, a una sociedad que no aporta salidas a las familias pobres, a un estado que no brinda albergues ni estancias infantiles suficientes ni a todas horas?

Este no es el caso, pero no está de más la reflexión cuando nos ataque el gen del juicio al prójimo.

Colaboraciones en Creciendo en Familia

No recuerdo si lo he compartido antes, pero en dos ocasiones he colaborado con la maravillosa revista Creciendo en Familia, en su sección de Blog de Padres de la versión digital, con sendas experiencias de este camino tan rico y aleccionador que es la maternidad.

Si pueden, dense una vueltecita por ahí, y lean no sólo el Blog de Padres sino la revista completa; está llena de consejos, ayuda, información muy importante para padres y madres.

Mi más reciente colaboración se titula “¿Por qué mi hija no tiene facebook?” Un tema muy polarizado, sobre todo en mi hogar. Espero que lo disfruten.

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