Se nos avecina una catástrofe, ¿qué vamos a hacer?

Lo que este congreso va a aprobar es una barbaridad que convertirá a las mujeres dominicanas en uno de los grupos más desprotegidos del mundo. Puede ser que yo, personalmente, no vaya a parir más, pero eso no significa que no me duelan mi hija, mis sobrinas y los millones de niñas y mujeres que no conozco.
A mí me gustaría que esta fuera una discusión de principios y derechos, y no de pecados ni dogmas, pero al parecer, las iglesias pretenden, con la seguridad que les da el poder que tienen y ejercen, continuar dictando los preceptos de conducta y “moralidad” de esta sociedad. He intentado por todos los medios que, en mi discurso personal, no entre el factor religioso, pero ha sido muy difícil dada la insistencia de estos grupos que, a como dé lugar, insisten en convertir esto en un tema moral. De buenos y malos. De píos e impíos. Qué cansancio.

Si los curas y pastores quieren que sus mujeres se sienten a esperar pacientemente su muerte, como dijo el Cardenal ayer, pues que las adoctrinen. Que desde su púlpito les ordenen no buscar atención médica ni siquiera en casos de gravedad, que cuando tengan un embarazo ectópico, se retiren a orar y a morir. Tienen todo el derecho del mundo a hacer eso.

A lo que no tienen derecho es a imponer sus visiones de muerte en toda la población. Los curas y pastores deben entender que el Estado (que no nos cansaremos de pedir que se comporte como el poder laico que debe ser), tiene una obligación con una cosa que se llama SALUD PÚBLICA. Y la salud es un tema de todos y todas, sin importar raza, credo, género ni diferencias de criterio. Lo mínimo que una sociedad civilizada puede garantizarle a sus ciudadanos y ciudadanas son las condiciones para conservar su vida.

Nadie que haya atravesado por la difícil decisión de abortar, o haya acompañado a esa mujer, puede decir que es algo antojadizo, fácil, o que se toma a la ligera. Exigir un derecho a decidir no obligará a ninguna mujer a abortar, y no es, para nada, lo que los grupos que están movilizándose quieren. Se ha sido muy específico sobre las TRES excepciones que se quiere incluir en el Código Penal: cuando peligra la vida de la mujer, cuando ésta ha sido víctima de violación o incesto, o cuando el embrión o feto presenta malformaciones incompatibles con la vida.

A mí me cuesta comprender que haya gente que no entienda esto. Que desde su “superioridad moral” entienda que tiene el derecho de decidir sobre la vida de millones de personas. Pareciera que ser Pro-Vida lo que busca es que mueran dos personas a la vez. Y eso no se lo podemos permitir. Ni al Congreso ni a las iglesias. Son nuestras vidas.

* Las imágenes son de la manifestación realizada el miércoles 10 de dic, 2014, frente al Congreso Nacional, en la que una comisión formada por miembros del Colegio Médico Dominicano y representantes de organizaciones feministas logró, a duras penas, entregar una comunicación a un grupo de Diputados.

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Como siempre, la Iglesia buscando la fiebre en las sábanas.

Advierto la avalancha de comillas de este post.

“Los anticonceptivos son enemigos de la familia”.

Según la Carta Pastoral, ésta es una de las razones del “descalabro social”  que vive el país. Claro, porque llenarse de hijos no deseados o que no puedes mantener, son el secreto de la felicidad eterna. Anja.

El matrimonio gay y el “desenfreno sexual” son otros de los enemigos de las “buenas costumbres y los valores morales”. Y yo pienso que, para variar, los representantes locales de la Santa Iglesia están enfocando sus cañones a la dirección  más errada y fácil de todas. ¿Por qué la Iglesia no habla de la falta de educación escolar, de las niñas que son obligadas (vendidas) a unirse a hombres adultos para mantener a sus familias, hasta para comer, por qué no reconoce que su negación a la educación sexual de niños y niñas,es una de las razones que  empuja a generaciones completas al mismo círculo de miseria?

¿Por qué no buscar las causas en la desigualdad social, en la falta de oportunidades para TODOS, hombres y mujeres, en la impunidad que permite al poderoso robar y al pobre, “joderse”? ¿Por qué no habla de la perpetuación del modelo machista que facilita, o justifica, que el hombre tenga varias familias, con hijos por doquier, hecho que es alabado por la sociedad, incitado desde que el niño empieza a hablar? Ese modelo de macho que tantas veces engendra ese ausentismo paterno, dolorosamente reproducido en miles de familias dominicanas. Hombres que preñan y parten, que a veces sólo proveen y otras tantas ni eso.

¿Por qué no reconocen que el clima de opresión que deben sobrevivir los homosexuales y las lesbianas, crea el escenario perfecto para las dobles vidas, los engaños, la vulnerabilidad? Cuando una sociedad no permite a sus miembros vivir en total y completa de libertad de elegir a quién ama y a quién se une, algo está muy mal.

Y, por supuesto, según la Pastoral, el divorcio es otra de las principales causas del tollo social que vivimos, porque las golpizas, la violencia, la infidelidad patológica, la falta de amor, son tal vez las claves de un matrimonio duradero y feliz. Ah verdad, que en el 1954, donde se quedó la Iglesia, sí lo es.

Ayer jueves, Inés Aizpún, siempre certera, hablaba también de la doble moral de la sociedad dominicana (común en todas las sociedades que viven bajo el esquema conservador y machista), que aúpa al personaje público y se hace de la vista gorda ante sus “indiscreciones” y “deslices privados”, como suelen denominarse a las amantes, queridas y segundas-terceras familias de los hombres prestantes.

No pretendo crear un tratado sociológico de por qué nuestra sociedad va por la cloaca, ya que no poseo ni los estudios  ni la preparación, pero como simple mortal, madre, ser humano, ser con tres dedos de frente, fallo al tratar de entender cómo se insiste en buscar culpables donde no están.

Esta es la nota del Diario Libre que reproduce parte de la carta.