El embajador que ha sacudido las cortinas del templo (sin haber llegado siquiera).

Durante días he estado leyendo las reacciones ¿desmedidas, exageradas? de cuanto representante de grupos conservadores/derechistas/retrógrados ha encontrado espacio en la prensa, por igual de amarillista. Y durante días me he resistido a escribir sobre el tema porque pensaba, precisamente, ¿cuál es el escándalo, qué importancia tiene que un diplomático asignado a un país X, tenga o deje de tener una orientación sexual determinada? ¿por qué no se habla de su carrera , de sus logros, si es liberal o no, si es pro-América Latina, si conoce el Caribe, o algo importante? Pero luego, me digo a mí misma: sí es importante el tema. Pero no es importante con el sentido reprochador y oscurantista que ha encontrado espacio en ciertos medios de comunicación. Unos medios que lo que lo que tienen de antiguos lo tienen de vergonzoso.

El ejemplo más claro fue el periódico que destacó la palabra gay en rojo en su portada, como si en el hecho mismo no hubiese absolutamente nada más que destacar.

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Lógicamente, las reacciones en las redes sociales no se hicieron esperar.

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Ahora volviendo a lo importante.

Sí es necesario tratar el tema, pero en el el contexto real, en el meollo del asunto. Y el meollo es que el mundo cambió, y República Dominicana, con todas sus iglesias, tiene que aceptarlo y vivir en consecuencia.

Cada vez que escucho a alguien decir: “es que Dios no acepta la homosexualidad”, me gustaría decirle que entonces lo que debe hacer Dios es no aceptarlos en el cielo y para eso tiene que esperar que se mueran, porque mientras tanto, aquí en la tierra, hay libertad. Lo cual es una injusticia aún mayor, pues pensar así da por sentado que los y las homosexuales no pueden profesar activamente la fe católica ni ninguna otra. Y a nadie se le debería negar ese derecho.

Yo misma me alejé de un grupo de oración al que asistía en mi juventud cuando “expulsaron” a un miembro que se declaró como gay. No era mi amigo íntimo ni nada parecido pero ese hecho me hizo cuestionar la supuesta libertad de la que creía disfrutar en ese grupo, la tolerancia que decían profesar, el amor que se suponía ejercían como ministerio. Jamás volví.

Han salido de todas a partes a quejarse y protestar, echando mano de una afrenta contra las leyes y la Constitución dominicana, a pedirle al presidente que no lo acepte, han llegado incluso a vaticinarle al nuevo embajador una estadía dolorosa y tumultuosa en el país. Porque ahora son oráculos y ven el futuro. Por suerte, en este gobierno queda gente sensata y uno de sus funcionarios, aunque tibiamente, trató de calmar las fieras catalogando como una “indelicadeza” rechazar al nuevo embajador por su preferencia sexual. Este, sr. Pina, yo sé que les gusta esa palabra, pero no es una indelicadeza sino bastante burdo en este caso, pero, algo es algo.

Honestamente, yo creo que el sr. James Brewster Jr. debe estar acostumbrado a lidiar con grupos transportados de la Edad Media. ¿Gay, liberal, activista, en el cuerpo diplomático de EU? No creo que nada le sorprenda. Los come-coco de aquí van a encontrar la horma de su zapato. Eso espero.

Tanta intolerancia, tanto desconocimiento, me hace pensar en este video que mucha gente compartió esta semana, de un niño pequeño que, de manera tan fácil, llega a la natural conclusión que “dos hombres casados son como marido y mujer” y que “obviamente, ustedes se aman”. Tan lindo. Little boy understands gay marriage in 43 seconds.

 

UPDATE:

La revista digital BUZZFEED se ha hecho eco del vergonzoso comportamiento de nuestros prelados, en esta nota.  (posted on July 1, 2013 at 10:58am EDT)

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