¡Escogido Campeón!

Se me había olvidado escribir este post, no me lo perdono.  Yo que renegué de mi equipo, indignada le escribí a cuanto dirigente escarlata encontré, me negué a poner banderas rojas en mi carro, al final, confieso, el amor por el juego me venció. Seguí cada partido, pocas veces en el estadio, el resto desde la tranquilidad de mi hogar. Mi papá y yo, a veces el gato, sufriendo cada jugada, cada out, maquinando cambios imaginarios  y sufriendo… cuánto sufrir. Hasta un HT encontré que no nos podía describir mejor: #sufrocomoprecious. Gracias a Luigina.

Felicidades equipo.

 Todavía deben estar celebrando Dora e Hipólito, dos de los fanáticos más fieles y entusiastas que he conocido. Superados tal vez sólo por mi hermana que, aunque en USA, seguía cada partido, cada score, como si estuviera en el estadio.

Y para que no aparezca un gracioso a recordarme lo que escribí antes, yo misma lo pongo aquí.

Ya no quiero ser escogidista.

Yo soy escogidista desde chiquita. Porque mi padre lo es, lo confieso. Durante la mitad de mi vida no sabía de qué iban los equipos. Sí estaba acostumbrada a estar en plays, pues mi padre jugaba softball, nos llevaba a sus juegos, al Estadio Quisqueya a ver Licey-Escogido, luego mi hermano menor decidió que sería pelotero, y Aguilucho. Y se fue a estudiar con una beca de beisbol.

Yo no sé de estadísticas, quién jugó en qué año, cuál ha sido el peor (o mejor) manager, no paso de dos o tres nombres estelares, pero me gusta el beisbol. Me gusta ir al play, me fascina el comportamiento de los fanáticos, la emoción que se siente en las gradas, y, sobre todo, la alegría que se apodera del país completo durante la temporada.

18 años aguantando chistes, derrotas y jamás pensé abandonar la fidelidad a mi equipo. Hasta hoy.

El orgullo de ser escarlata se me fue. Totalmente. Se salió por la ventana el segundo que vi esta ofensiva, atrasada y desagradable valla en plena calle. ¿A qué oscuro año retrocedimos? Por si los ejecutivos del Escogido no se han dado cuenta, las mujeres van al play, siguen los partidos, se ponen las gorras, llenan sus carros de banderas rojas, dan cuerda, se abonan (para hablarles de lo que entienden), son fanáticas también.

¿Los Najri ni los Bonetti se han enterado que la época de vender cualquier cosa a base de explotar el cuerpo femenino debería haber pasado ya? ¿Volvimos a los 80, cuando reinaban los cuerpos calientes, en paños menores, para vender bebidas, motores, herramientas, equipos de beisbol, cualquier bendita cosa?

¿Y los publicistas que prepararon esta digna campaña, qué pensaban, cómo la vendieron? ¿de verdad pensaban que “se la estaban comiendo”? Por Dios, a esta altura del juego. Por más maquillistas de Mac NY sigue siendo una técnica retrógrada.

Dirán que mi reacción es exagerada, y tendrán razón. Así soy yo. Pero honestamente, para mí es una cuestión de mucha importancia. Con este le estamos reforzando al macho dominicano (niño,adolescente, joven) que es correcto y apropiado usar el cuerpo femenino como objeto de venta, que es correcto mostrar a la mujer como pedazo de carne y reducirla a una cosa, negándole su carácter de ser humano. Que la temporada de beisbol no es una actividad familiar, porque probablemente en los estadios te recibirán mujeres vestidas así, en actitud complaciente, tal cual como ves en esa publicidad. ¿Y por qué no pensarlo, eso es lo que te están mostrando, ese es el gancho?

Sigo pensando que las mujeres, todas, deberían dejar de ir a los juegos. Que vayan sólo los hombres que aún son dominados por el primate que una vez fueron. Que no compremos gorras, ni banderas, ni calcomanías. Nada. A ver si así nos respetan.

Cual Quijote en el desierto. Lo sé.

Vean un video en que uno de los ejecutivos del equipo habla de los “valores familiares que representan esta tradición”. Así no se promueve la familia, joven Najri.

PD.: Al parecer, el retroceso es generalizado porque el Licey no se queda atrás. Ellos también aportan su cuota de irrespeto.