Sobre el rechazo a la Reforma Fiscal y el Boicot Fiscal.

Los dominicanos como pueblo tenemos muchos años en la inercia (47 para ser exactos,  apuntan estudiosos), pero pareciera que ya Quisqueya está despertando de ese odioso letargo. Los problemas son muchos y muy graves, postergados e ignorados por TODOS los gobiernos, pero, como le dije a una amiga el otro día, ¿que fue la Reforma el despertador? Pues, bienvenido sea.

Ayer la ciudad vio como sus hijos se unían en armonía, paz y civismo para, a una sola voz, protestar  no sólo contra una reforma fiscal (que no se niega que probablemente sea necesaria) sino contra la impunidad, la corrupción, el robo y la burla. Males que se han acumulado en el corazón de los dominicanos y, como el cáncer, corroen y envenenan. Ya está bueno de ver nuestros dineros desfilar en forma de jeepetones, carteras de marca, y mujeres embicadas de una Moet. Ya ta’ bueno. Lo que exigimos es respuestas, que nos expliquen cómo y por qué llegamos a este deficit, que haya sanciones y sancionados, que haya consecuencias.

En varias ciudades del país el pueblo se manifestó: Santiago, Barahona, San Francisco, y así seguirá. La prensa internacional se hizo eco de estas revueltas.

AHORA BIEN, esto no puede acabar aquí. Así como ante la inminente inclusión del impuesto a las compras por internet de menos de US$200.00, se propuso un boicot a las tiendas que lo propulsaban, los dominicanos debemos aguantarnos el bolsillo, no sólo para reducir las recaudaciones del gobierno sino para proteger nuestras ya maltratadas economías. “Guardar pan para mayo”, dice un viejo refrán. Muchos ya han propuesto diferentes maneras, incluso rueda una convocatoria para un paro al consumo del viernes 16 al domingo 18 de noviembre próximos. Me gusta mucho esta propuesta pues se concentran los esfuerzos y se siente más. Pero sólo tendrá éxito si se sabe hacer, no logramos nada si durante esos tres días nos sacrificamos y el lunes vamos como hordas enardecidas a los supermercados, cual si viniera un huracán.

Para un cambio de hábitos de mayor duración, hoy encontré ésta en el muro de una amiga en FB (¿dónde más?) y me parece muy acertada.

Otra manera de protestar:
Queridos amigos, desde hace años, nuestros gobernantes han saqueado las arcas del estado; dejando gobierno tras gobierno, un deficit acumulativo para que el que venga resuelva. La verdad es que nunca me creí el discurso de nuestra economía blindada; y ya hemos vivido todos y cada uno de nosotros, que lo único blindado que había eran las cajas fuertes y cuentas de los funcionarios.
Definitivamente, el manifestarse en las calles únicamente no funciona, y sólo funcionaría si los grandes empresarios se ven afectados. Haga esto hasta enero y usted verá!
-No coma en la calle. Haga comida en su casa. Nada de McDonald’s, Burger King, restaurantes, nada.
-Trate de hacer compras en mercados pequeños. Nada de Nacional, Sirena, La Cadena, etc. Usted verá que ellos protestarán por ustedes.

-Si quiere un trago, júntese con amigos y traigan alcohol que tengan guardado. Si no, cómprelo en un colmadito. No vaya a tiendas de bebidas grandes. Y absténgase de ir a bares por lo que resta de noviembre y diciembre. En enero del 2013 hablamos!

-Si usted toma el metro, sacrifíquese un poco y coja calor en su carro público. Dele su dinero a otro ciudadano que está igual de indignado que usted en vez de dárselo al gobierno.
-No vaya al cine ni rente películas. Vea películas en el cable o en su computadora. Hay un sinnúmero de páginas que puede ver películas nuevas sin tener que pagar. (**)
-A menos que trabaje en una plaza comercial, ni se acerque a una. No compre ropa ni comida. Es más, vaya con comida de su casa y coma en el área de comida de la plaza. Que los negocios los vean. Ellos protestarán por usted.
Compártalo para que más personas hagan lo mismo y se verá una diferencia! ®
(**) Particularmente no respaldo la sugerencia de ver películas online, tal cual está descrita, pues no apoyo la piratería, pero usted decida. Yo reproduzco el texto de manera íntegra.
Yo personalmente, por una crisis particular, ya he implementado muchas de estas medidas, pero estoy dispuesta a ser más firme y aguantar más el bolsillo. ¿Y tú, estás dispuesto/a a dejar de pasear en los mall, dejar de darte un gustico, sacrificarte?
® (Copiado del muro de Dilia Kury y yo de Alba Flores)

Dos Sandy

Huracán Sandy

Casi ahora, me iba a quejar de mis zapatos empapados y recordé a Martha, la asistente de mi hogar, que no pudo salir de su casa esta mañana porque el puente que une su barrio con la ciudad se cayó (*).
Eso me hizo pensar en que la tormenta que vivimos nosotros, en nuestras casas confortables y vehículos altos, es diferente de la tormenta que se siente en los barrios de la gente pobre. A nosotros, nos “afecta”, nos causa inconvenientes, a ellos los azota, los saca de sus casas, los destruye.
Sin ánimos de pontificar en esta mañana tan gris y fría, pensemos en eso cuando sintamos el deseo de quejarnos porque el pelo se nos engrifó o la fiesta se canceló. Sólo eso.

(*) Se cayó por las torrenciales lluvias que no han parado de caer, y la inconsciencia de quienes extraen material de sus bases, junto a la mirada indiferente de las autoridades que, probablemente se están lucrando también.

 

® La foto es de Jaime Rodríguez R, y fue tomada de esta noticia del Diario Libre

“En vez de aprender a arrepentirse de los pecados, sería mejor aprender a no caer en ellos, ¿no les parece?”

Esta frase le pertenece al personaje principal de la novela El Arte de la Resurrección de Hernán Rivera-Letelier, y entre todas las sabias frases del libro, ésta recuerdo que me impactó. Mucha gente, sobre todo mientras más beata es, ha perfeccionado el arte de darse golpes en el pecho, hacer actos de contrición y pedir perdón.

Sé bien, muy bien, que el espíritu humano es débil, poco confiable y veleidoso por momentos, pero posee de hermanito el raciocinio y la capacidad de análisis. Si sabe que está mal, no lo haga. Si sabe que no es cierto, no lo diga. Si no es suyo, no lo tome. Si no lo ha pagado, no lo use.

Parecería un principio demasiado básico y elemental, pero cada día, al leer la prensa, comprobamos que no es así necesariamente. Al menos, los funcionarios del gobierno no lo han dominado aún. El punto es que nosotros como pueblo no creo que estemos dispuestos a esperar que “re-aprendan”. Yo no sé si las protestas convocadas, que son varias, se efectuarán, si tendrán éxito, si yo las apoyaré, si serán masivas, honestamente no lo sé. Lo que sí sé es que ya es tiempo de salir de esta demencia y empezar a hacer las cosas de otra manera y, finalmente, obtener resultados diferentes.

 

Cuando el honor baja de categoría.

Cuando yo estaba estudiando en el colegio, nos enseñaron que ser parte del congreso del país era un honor; ser elegido por el pueblo, contar con el privilegio de crear las leyes que definen el curso de la nación era una prerrogativa para los más preparados y merecedores. Gracias a los favores de la democracia, cualquier ciudadano con deseo de servir podía llegar a tan ansiada posición. Porque a mí y mis compañeros nos enseñaron que en las palabras “democracia” y “preparación” residían las claves de este tema. Cualquier juan de los palotes podía postularse, pero ese Juan tenía que poseer las aptitudes para legislar a favor de su pueblo: educación, seriedad, honestidad, un ejercicio profesional y una labor comunitaria destacados, en fin, ser un ciudadano o ciudadana íntegro y respetable.

Pero eso fue hasta los 80 solamente.

¿Cuándo se dio este cambio tan diametralmente opuesto, cuándo estos estándares cayeron al abyecto nivel en que se encuentran hoy? Si hacemos ahora mismo una encuesta en la calle, con el dominicano de a pie, la impresión general de lo que es el Congreso hoy estará posiblemente compuesta de una elocuente colección de epítetos insultantes. Estoy totalmente consciente que hay mucho de percepción, pues es cierto que sí hay miembros del Congreso que mantienen y defienden aquel honor de antaño, pero también sé que la percepción responde a desinformación, ignorancia o errores cometidos por el/los imputados. Y todos sabemos que los honorables miembros del Congreso Nacional son culpables  de todas las anteriores.

Sin ser politóloga ni experta en nada, trataré de analizar, de la manera más imparcial que mi latente desprecio me permita, por qué puede suceder esto. Las posibles razones son muchas y diversas, pero con un denominador común: una aparente desconexión con las necesidades reales del pueblo que juraron defender, y un desconocimiento (o rechazo) total de la realidad de las funciones que le competen. Vayamos por parte:

1)    Desde la aprobación del funesto artículo 30, que ignora los derechos fundamentales de las mujeres, adolescentes y niñas embarazadas, hasta la aprobación de contratos como el de la Barrick Gold, sin siquiera haberlos leído a cabalidad (hecho aceptado por ellos mismos), pasando por la aprobación de las penas a los menores de edad y otras leyes aprobadas que dejan de lado la integridad de decenas de grupos sociales. Esto sin contar la cantidad desconocida de proyectos de ley que en cambio sí aportarían beneficios reales a la sociedad y que permanecen engavetados porque “no son rentables para nadie” (esto último lo asumo, desconozco cuántos y cuáles son esos proyectos pero estoy segura que los hay).

2)    Todos hemos visto los miembros de ambas cámaras no sólo realizando entregas de electrodomésticos, canastas de alimentos, ambulancias, sino (más recientemente) lanzando campañas a favor de la erradicación de algo o apoyando otra cosa. Está harto dicho, y por personalidades más creíbles que yo, que el Congreso Nacional no está para eso, entre sus funciones no figuran ni las acciones sociales, la (auto)asignación de fondos, aka el infame barrilito, ni la realización de campañas de comunicación relacionadas a temas que no le competen. Si habláramos de una campaña para informar a la sociedad cómo empoderarse para que se acerque a sus representantes y someta proyectos de ley que beneficien a su comunidad, eso sería otra cosa. En ese caso, sí es relevante. Pero no una campaña para erradicar el cáncer de mama, sres. Presidentes de las Cámaras de Diputados y el Senado, eso déjenselo al Ministerio de Salud Pública, a Senasa o a la Liga contra el Cáncer, por ejemplo.

Yo creo que el Congreso necesita una campaña de relanzamiento, una estrategia de manejo de crisis y luego una campaña de fidelización de manera urgente. Pero nada de esto puede hacerlo sin hacer lo que los publicistas (buenos) le recomendamos al cliente: remedia tus problemas, resuelve tus temas internos, pide perdón por tus errores y da la cara. Pero con sinceridad, no es cuestión de pasar un paño o poner una curita. Arregla tu tollo.

¿Puede el Congreso Nacional hacer eso? Y de poder, ¿qué necesita?

Como siempre es bueno recordar, les dejo con el video de Voten Honorables.