Decálogo del cabello rizado.

1) Hidratar, hidratar, hidratar. Hazte adicta a los productos para hidratar, sobre todo, naturales. Aceite de coco orgánico y acondicionador de coco marca Suave son mis dos productos favoritos (*)

IMG_6341

2) Cortar las puntas periódicamente. El cabello rizado se parte fácil (¿alguien dijo nudos?).

3) No secar el cabello con toallas. El material de las toallas ¨engrifa¨ el cabello, mejor envuélvelo en una camiseta de algodón hasta que absorba el exceso de agua y después dejar secar al aire.

4) Dormir con una piña o trenzas. El objetivo es evitar que el cabello roce con la almohada durante toda la noche, esto aplasta los rizos. La piña consiste en recoger todo el cabello en una cola sobre el tope del cráneo (yo, personalmente, me hago una trenza con el cabello recogido o muchas trencitas finas). También recomiendan envolver todo el cabello en un pañuelo de satín (hay incluso unos gorros como los de baño), pero en este calor eso es un poco difícil.

5) Desenredar cuando esté mojado. Usa un peine de dientes anchos y, con el acondicionador puesto, desenreda. Con paciencia, desatando cada nudo.

6) Renunciar al calor, ya sea blower, secador o tenazas. Lo siento.

7) Dile no a los sulfatos, siliconas y demás productos artificiales. Si no lo puedes pronunciar no debes comerlo ni aplicar a tu cabello. Aprenderás a leer todas las etiquetas. Estos son los peores enemigos de tus rizos. ¡Atenta!

8) No usar cepillos regulares ni cepillar cuando esté seco. Jamás cepilles tu cabello.

9) Paciencia. Probar y probar hasta encontrar el método y productos que te funcionen.

10) No ser tacaña con el acondicionador. Nunca es demasiado. Te lo prometo.

OJO:  en la foto el que parece es el shampoo, que NO uso, lo que uso es el acondicionador, incluso como shampoo.

Anuncios

De redecillas y rizos.

99272ace234741ee488d5754145fd5de
Si algo he aprendido desde que decidí abrazar mis rizos de manera definitiva hace tres años es que la aceptación y la creatividad son claves en el reto que representa llevar un estilo natural en una sociedad como la nuestra. Muy triste, lo sé.
Yo, por suerte, he aprendido mucho sobre cómo cuidar, mantener y peinar mi cabello rizado (el monstruo con vida propia le llamo), y sé que me falta mucho por aprender, sobre todo los días en los que no tengo la más mínima idea qué hacer con estos moños, pero este proceso ha sido todo menos fácil. Desde pequeña, la mujer dominicana reconoce a su estilista o salonera como una figura muy importante en su vida, su guía en cuanto a belleza y demás, pero ¿qué pasa? Muy pocas son defensoras del estilo natural y, por tanto, es muy difícil encontrar alguien que te ayude en ese proceso de liberar a tu cabello real. Entonces, lo más común es escuchar razones por las que estás loca si vas a andar con ese pajón, por qué se te va a dañar el cabello, etc. Regularmente, lo que haces es dejar de ir al salón y punto. A buscártela como puedas para domar la bestia. Creo que por eso muchas desisten y caen de nuevo en las garras del blower, se necesita paciencia. Mucha.
Criticamos mucho el uso de redecillas en la calle, es un chiste constante. Pero si vamos al fondo, la redecilla representa, como tantos otros símbolos, la negación de nuestras raíces, de nuestra identidad. La redecilla es la armadura del tubi, ese aliado por excelencia de la mujer dominicana y su afán por el pelo lacio. Y es un compromiso a rajatabla e inútil, aprendí también. Si para ti es vital someter tu pelo a un tubi durante horas, que implique salir a la calle con él, quitándotelo sólo al llegar a tu destino, es porque, evidentemente, estás forzando a tu cabello a adoptar una textura que no le es natural y el cabello se resiste. Sencillo.  Yo misma, cuando usaba el pelo lacio, iba al salón sábado en la mañana y, si no tenía que salir más, me quitaba ese tubi el lunes en la mañana. Lo juro. Probablemente sin necesidad, porque en este proceso me he alaciado el cabello 2 ó 3 veces, por gusto, sin necesidad de tubi ni mayores esfuerzos. Esto es parte del gran aprendizaje: conocer más mi cabello, cómo se comporta, qué hace y qué no hace. ¿Quién lo diría? 38 años después finalmente amo mi cabello. 
Image