De redecillas y rizos.

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Si algo he aprendido desde que decidí abrazar mis rizos de manera definitiva hace tres años es que la aceptación y la creatividad son claves en el reto que representa llevar un estilo natural en una sociedad como la nuestra. Muy triste, lo sé.
Yo, por suerte, he aprendido mucho sobre cómo cuidar, mantener y peinar mi cabello rizado (el monstruo con vida propia le llamo), y sé que me falta mucho por aprender, sobre todo los días en los que no tengo la más mínima idea qué hacer con estos moños, pero este proceso ha sido todo menos fácil. Desde pequeña, la mujer dominicana reconoce a su estilista o salonera como una figura muy importante en su vida, su guía en cuanto a belleza y demás, pero ¿qué pasa? Muy pocas son defensoras del estilo natural y, por tanto, es muy difícil encontrar alguien que te ayude en ese proceso de liberar a tu cabello real. Entonces, lo más común es escuchar razones por las que estás loca si vas a andar con ese pajón, por qué se te va a dañar el cabello, etc. Regularmente, lo que haces es dejar de ir al salón y punto. A buscártela como puedas para domar la bestia. Creo que por eso muchas desisten y caen de nuevo en las garras del blower, se necesita paciencia. Mucha.
Criticamos mucho el uso de redecillas en la calle, es un chiste constante. Pero si vamos al fondo, la redecilla representa, como tantos otros símbolos, la negación de nuestras raíces, de nuestra identidad. La redecilla es la armadura del tubi, ese aliado por excelencia de la mujer dominicana y su afán por el pelo lacio. Y es un compromiso a rajatabla e inútil, aprendí también. Si para ti es vital someter tu pelo a un tubi durante horas, que implique salir a la calle con él, quitándotelo sólo al llegar a tu destino, es porque, evidentemente, estás forzando a tu cabello a adoptar una textura que no le es natural y el cabello se resiste. Sencillo.  Yo misma, cuando usaba el pelo lacio, iba al salón sábado en la mañana y, si no tenía que salir más, me quitaba ese tubi el lunes en la mañana. Lo juro. Probablemente sin necesidad, porque en este proceso me he alaciado el cabello 2 ó 3 veces, por gusto, sin necesidad de tubi ni mayores esfuerzos. Esto es parte del gran aprendizaje: conocer más mi cabello, cómo se comporta, qué hace y qué no hace. ¿Quién lo diría? 38 años después finalmente amo mi cabello. 
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7 comentarios en “De redecillas y rizos.

  1. Muy bueno Gitti… imaginate las que vivimos en los “paises” donde el tiempo es corto para ir 3 veces a la semana al salon!!!… Uno aprende a manejarse entre potes y planchita!!!! Me encanta el estilo natural… yo odio el tubi!!!

  2. Que chulo leer esto! pasé por ese mismo proceso, desistí con lo tedioso del salón y no me duraba nada el pelo lacio. Siempre aparecen los dos extremos, quienes aman tus rizos y no dejan de tocarlos (el frizz! el frizz!!) y los que se empeñan en decirte lo bien que te queda el cabello lacio, insistiendo que vayas al salón. Algunos lo ven como descuido y falta de feminidad, y nunca falta el hombre que te ve salvaje y prepotente, hasta medio kinky. Increíble las cosas que pretenden deducir con algo tan simple.

  3. Me encantó! y es 100% cierto. La clave esta en ‘soltar en banda’. Desde q’ solté en banda aprendí a conocer mis cabellos, amarlos y a dejarlos SER (cambio de estilo las veces q’ se me antoje sin desrizado, ni keratina ni niguna otra pendejá: de rizo a liso y de corto a largo)…y estos se volvieron aliados y empezaron a crecer con locura! (si ves mis fotos en los últimos 8 años no creeras q’ pertenecen a la misma persona, mejor dicho: A LOS MISMOS CABELLOS!). Soy feliz 🙂

  4. Hola! Usas algun producto en particular para que no se vean resecos?

    • Acondicionar, acondicionar, acondicionar. Varios, todos en base a coco. Hace mucho juro por la bandera del acondicionador de coco de la marca Suave, lo uso para el co-wash y para revitalizar los rizos mezclado con agua en una botella atomizadora. Pero no creas, la resequedad es una batalla constante, mi pelo es reseco por naturaleza y hay días que entre ellos y una escoba no hay diferencia. No he podido “llegarle” a los tratamientos naturales (aguacate y mayones, por ejemplo), y creo que esa es la pieza que me falta.

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