Cuando el honor baja de categoría.

Cuando yo estaba estudiando en el colegio, nos enseñaron que ser parte del congreso del país era un honor; ser elegido por el pueblo, contar con el privilegio de crear las leyes que definen el curso de la nación era una prerrogativa para los más preparados y merecedores. Gracias a los favores de la democracia, cualquier ciudadano con deseo de servir podía llegar a tan ansiada posición. Porque a mí y mis compañeros nos enseñaron que en las palabras “democracia” y “preparación” residían las claves de este tema. Cualquier juan de los palotes podía postularse, pero ese Juan tenía que poseer las aptitudes para legislar a favor de su pueblo: educación, seriedad, honestidad, un ejercicio profesional y una labor comunitaria destacados, en fin, ser un ciudadano o ciudadana íntegro y respetable.

Pero eso fue hasta los 80 solamente.

¿Cuándo se dio este cambio tan diametralmente opuesto, cuándo estos estándares cayeron al abyecto nivel en que se encuentran hoy? Si hacemos ahora mismo una encuesta en la calle, con el dominicano de a pie, la impresión general de lo que es el Congreso hoy estará posiblemente compuesta de una elocuente colección de epítetos insultantes. Estoy totalmente consciente que hay mucho de percepción, pues es cierto que sí hay miembros del Congreso que mantienen y defienden aquel honor de antaño, pero también sé que la percepción responde a desinformación, ignorancia o errores cometidos por el/los imputados. Y todos sabemos que los honorables miembros del Congreso Nacional son culpables  de todas las anteriores.

Sin ser politóloga ni experta en nada, trataré de analizar, de la manera más imparcial que mi latente desprecio me permita, por qué puede suceder esto. Las posibles razones son muchas y diversas, pero con un denominador común: una aparente desconexión con las necesidades reales del pueblo que juraron defender, y un desconocimiento (o rechazo) total de la realidad de las funciones que le competen. Vayamos por parte:

1)    Desde la aprobación del funesto artículo 30, que ignora los derechos fundamentales de las mujeres, adolescentes y niñas embarazadas, hasta la aprobación de contratos como el de la Barrick Gold, sin siquiera haberlos leído a cabalidad (hecho aceptado por ellos mismos), pasando por la aprobación de las penas a los menores de edad y otras leyes aprobadas que dejan de lado la integridad de decenas de grupos sociales. Esto sin contar la cantidad desconocida de proyectos de ley que en cambio sí aportarían beneficios reales a la sociedad y que permanecen engavetados porque “no son rentables para nadie” (esto último lo asumo, desconozco cuántos y cuáles son esos proyectos pero estoy segura que los hay).

2)    Todos hemos visto los miembros de ambas cámaras no sólo realizando entregas de electrodomésticos, canastas de alimentos, ambulancias, sino (más recientemente) lanzando campañas a favor de la erradicación de algo o apoyando otra cosa. Está harto dicho, y por personalidades más creíbles que yo, que el Congreso Nacional no está para eso, entre sus funciones no figuran ni las acciones sociales, la (auto)asignación de fondos, aka el infame barrilito, ni la realización de campañas de comunicación relacionadas a temas que no le competen. Si habláramos de una campaña para informar a la sociedad cómo empoderarse para que se acerque a sus representantes y someta proyectos de ley que beneficien a su comunidad, eso sería otra cosa. En ese caso, sí es relevante. Pero no una campaña para erradicar el cáncer de mama, sres. Presidentes de las Cámaras de Diputados y el Senado, eso déjenselo al Ministerio de Salud Pública, a Senasa o a la Liga contra el Cáncer, por ejemplo.

Yo creo que el Congreso necesita una campaña de relanzamiento, una estrategia de manejo de crisis y luego una campaña de fidelización de manera urgente. Pero nada de esto puede hacerlo sin hacer lo que los publicistas (buenos) le recomendamos al cliente: remedia tus problemas, resuelve tus temas internos, pide perdón por tus errores y da la cara. Pero con sinceridad, no es cuestión de pasar un paño o poner una curita. Arregla tu tollo.

¿Puede el Congreso Nacional hacer eso? Y de poder, ¿qué necesita?

Como siempre es bueno recordar, les dejo con el video de Voten Honorables.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s