Los juguetes y las princesas.

Cuando Alma nació, yo tenía la firma convicción de que era posible criar y educar sin sexismo ni diferencias de género. A mi gusto particular, todo el guardarropas de la niña consistía en piezas de colores alegres pero neutros: en pocas palabras, cero rosado. Incluso llegó a vestir piezas “para varones” sólo porque eran lindas y no tenían elementos decorativos alegóricos a ningún deporte. Sigo creyendo que esa utopía es posible, que podemos (y debemos) instaurar en niños y niñas los mismos valores de igualdad, equidad y justicia, que no existen juegos de niñas y juegos de niños, sino aficiones y gustos específicos. La mía jugaba con bloques, carritos y camiones. Hasta que llegó a su vida Disney Channel.

Lo confieso. Creí que la había mantenido alejada de las princesas y las plumas rosadas el tiempo suficiente, pero de alguna furtiva manera “ellas” se infiltraron en su cerebro y toda mi programación se fue más allá de la basura.  Desde hace un par de años, mi casa ha sido prácticamente invadida por Barbie y todas sus insípidas derivaciones, el rosado se apoderó de una habitación completa y sólo porque no he permitido que rebose y ocupe la casa entera. Y ni hablar de las boas, las plumas, las alas, los infernales tacos de plástico y los disfraces de Blancanieves / Cenicienta / Aurora (que aún soy incapaz de identificar si es la Cenicienta o La bella durmiente, porque en la versión que yo leí, esa infeliz no tenía nombre propio). Por suerte, la época de ver La bella y la bestia y Aladino 80 veces  a la semana parece haber terminado.

Ahora bien, yo no odio a Barbie, no tengo ningún sentimiento hacia ella pues para mí es sólo un juguete, de por sí no es bueno ni malo. Tal vez porque como niña yo nunca me sentí  atraída por ella, ni por ninguna otra muñeca en realidad, llegando a tener en toda mi niñez sólo dos (y una perdió la cabeza muy joven). Hay muchas posiciones radicales que culpan a esta muñeca de promover un ideal de belleza irreal, capitalista, consumista e inexacto, lo cual puede ser verdad, a pesar de los fallidos intentos de Mattel de diversificar su imagen.

Por todo esto es que pienso que esa inclinación hacia el rosa es parte de la personalidad o no de cada niña o niño, y no necesariamente inculcado o imitación. Por Dios! yo a los 5 años me regué porque los Reyes Magos “insistían” en dejarme juegos de cocina y yo no los quería. Mi hija los adora y ninguna cantidad de tacitas y platicos es suficiente, incluyendo una cocinita -rosada por supuesto-.

Si algún día ella se entera de que llegué a vestirla con ropa de varones, tendré que explicar mucho.

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2 comentarios en “Los juguetes y las princesas.

  1. Es que hoy en día sobre-pensamos TODO. Todo es causa de algo, síndrome de no se que, etc. A veces un juguete es un juguete y YA. Cuando niño me encantaba jugar a la guerra y me emburujaba con “enemigos” de mi propia fantasía, con espadas de madera, ametralladoras plásticas, GI Joe, soldaditos, etc. Mi fértil imaginación estaba lleno de imágenes que hacen de Conan, Apocalypse Now y Walking Dead cosa de principiantes. Y hasta el día de hoy nunca he portado un arma de verdad ni peleado en serio. Como dijo Freud:

    “Sometimes a cigar is just a cigar”

  2. Como no tengo hijos, más que sobrinos, creo en eso que dijo Freud, sometimes a cigar is just a cigar…es más formará parte de mi vocabulario.

    Además Alma estaba destinada a conocer las princesas, disney channel, el rosado y compañía…

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