Macho se hace, no se nace.

Yo tengo sobrinos, y cada vez que a piojos de 4-5 años se le celebra que tienen “varias novias” siento que muero un poco. Yo tengo una niña a la que contra siglos de creencias ya añejas estoy fajada criando en un ambiente no sexista. Sobre todo porque el mensaje de que la mujer es tan capaz como el hombre y con los mismos deberes y derechos, es más efectivo subliminalmente cuando ve a su madre que, sola, es la que trabaja, paga, compra, hace y deshace sin la presencia de un varón-macho-masculino.

Aún así, sé bien (no soy tonta) que el mundo no es mi casa, y ella algún día, más temprano que tarde, habrá de salir de esa burbuja. Por eso me preocupa mucho el mundo al que la estoy enviando, los hombres a los que deberá enfrentarse, a los cuales desde niños sus padres (madres y padres) los están adoctrinando para seguir el mismo patrón de abuso y violencia, física y emocional.

Por eso, hoy envié a todos mis amigos y familiares (a riesgo de recibir par de boches por atrevida, no sería la primera vez…) el artículo publicado ayer por María Soldevila, Receta para hacer un macho. Y hoy lo comparto con ustedes.

Todos los que están criando varones, y los que están cerca de niños y niñas deben leerlo y hacer un profundo análisis de las actitudes que les estamos enseñando.

Por favor léanlo. Aquí. 

Receta para hacer un macho

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Un comentario en “Macho se hace, no se nace.

  1. Me pasa algo parecido con Vielka, a quien pretendo proteger con celo, pero sabiendo que indefectiblemente llegará un momento en el que pasará el mismo o peor trabajo que el que pasamos nosotros. En mi caso, creo que ella tiene ventaja de que tanto su madre como yo hablamos mucho con ella. Yo no tuve esa suerte, gran parte de mis “respuestas” de adolescente me llegaron de la calle. Gracias a los valores que mi madre me inculcó de niño, creo que nunca “me solté en banda” muy lejos de esa educación moral y cívica que ella me dio.

    Sobre el artículo de María Isabel, lo comparto plenamente y habría podido añadirle varios ingredientes más. Lo que más me aterra es que los padres parecen ni inmutarse en ver cómo sus hijos están dando vueltas en un remolino de antivalores que no va a terminar bien, sino quizás de puro milagro.

    ¡Gracias por compartir!

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