Educar para y en la paz


Al parecer a los temas tabú ya reconocidos, esos que hay que evitar cuando vas a conocer a la familia de tu novio, por ejemplo, o en una cena de negocios: la religión, la política y la pelota (si eres dominicano/a), hay que agregar la educación de los hijos. Específicamente, los métodos de disciplina que eliges y que defiendes.

Se hieren susceptibilidades, egos y orgullos, porque todo el mundo cree que es buen padre/madre, y que sus métodos son ideales, regularmente con la justificación aquélla: “así me criaron a mí y no salí tan mal”. Pues está comprobado que el detalle está en el “no tan mal”.

Mucho se habla de las nuevas corrientes de educación, de las teorías de los psicólogos desde los 70´s hasta hoy, el educar para la paz, romper el molde de la antigua educación, pero la verdad es que para muchos de nosotros es difícil entender de qué estamos hablando exactamente, cómo reconocemos ese patrón que ahora debemos romper. La verdad es que la disciplina autoritaria es culpabilizante, esa educación en la que no teníamos ni voz ni voto, aquélla de “los niños hablan cuando las gallinas mean”. El temor (a veces terror) de hacer algo mal, de tirar la leche, de sacar malas notas. Esas miradas que decían tanto, y sí tenían el poder de congelarte el corazón. Muero un poco cada vez que amigas que son madres dicen “yo quisiera que mis hijos se comportaran así cuando yo los miro”.

Esa educación tiránica, plagada de azotes o pelas (oh, la manzana de la discordia hace su aparición, la causante de tantas discusiones, ofensas familiares y demás) llena al niño/a de culpa, sentimientos de ser inadecuado/a, y de que nunca es suficiente. Y, sobre todo, le enseña que con golpes se solucionan los problemas, que la violencia es la clave, ya sea física o emocional. Aprende que no es bueno, que no merece cuidado. Golpear a un niño/a lacera su autoestima, sus relaciones contigo como padre/madre, y con las demás personas de su entorno.

¿Cómo explicarle a un niño de 4 años que esa misma persona que dice amarlo tanto es la misma que lo golpea? No tiene una explicación juiciosa ni amorosa. No porque algo se haga durante años y años, quiere decir que esté correcto o que debe repetirse. Un niño que es “corregido” con pelas desarrollará conflictos al elegir sus parejas, problemas con la autoridad, cómo se ve a sí mismo, y a los demás, su lugar en la sociedad, etc.

Y eso nos trae al famoso “yo no salí tan mal”. Aceptémoslo, el mundo hoy está poblado por adultos neuróticos que descargan sus problemas existenciales en sus hijos, sus parejas, sus empleos, en todas las áreas de su vida. Llevamos esa violencia que nos enseñaron, que nos inculcaron, y la llevamos como una pesada carga. Porque es un mito que todos somos violentos: no lo somos y no tenemos que serlo.

No estoy diciendo que yo poseo la verdad y el método perfecto. Dios sabe lo que me ha costado llegar a este nivel de claridad y, sobre todo, el camino que me falta por recorrer con mi propia hija. Mucho autocontrol, y mucha introspección para solucionar los paquetes que arrastro de mi propia niñez, y mis propios temas personales. Pero estar clara y convencida que PEGAR NO ES AMAR es tan grande como el paso del hombre en la Luna.

En todas las charlas de educación y disciplina tratan de enseñarle a los padres lo que es educar para la paz. A no querer ser un buen padre, sino un padre responsable. Y un padre/madre responsable es aquél: que permite que el niño/a escoja entre varias alternativas, cree en el niño/a, lo respeta, estimula su independencia, le otorga libertad, decisión y responsabilidad. Espera que el niño colabore, no lo hace todo por él o ella. Y, sobre todo, no le golpea.

Todo esto logra que este niño desarrolle responsabilidad y autoconfianza, aprenda a tomar decisiones, respete a los demás y a sí mismo, crea en la igualdad y desarrolle prudencia (lo cual vamos a rezar que tenga una vez llegue a la adolescencia!). ¿Cómo pedirle al niño que no golpee a sus amiguitos en la escuela, cuando en casa cuando él se porta mal lo golpean? No tiene sentido alguno.

Un padre responsable evita que el niño se sienta culpable, fija normas realistas, se enfoca en las virtudes, es tolerante y paciente. Todo esto logra que el niño se enfoque en la labor que tiene entre manos, y no encubra lo que sucede, ve los errores como un reto, y siente valor para probar nuevas experiencias.

Las relaciones positivas se basan en cuatro elementos básicos: respeto mutuo, dedicación de tiempo para la diversión, estimulación y demostración de afecto. En estas palabras está la clave de la disciplina positiva: poner límites reconocibles para el niño, resaltar lo bueno, poner consecuencias, para todo. Consecuencias claras, que corrijan la conducta, no que descalifiquen al niño.

Si bien es cierto que nadie nace sabiendo ser padre/madre, sí es cierto que se puede aprender. Preferiblemente desde antes, pero aún ya teniendo al muchacho en los brazos, hay libros, charlas, seminarios. Se nos entrega una vida nueva, como un cuaderno vacío, y no es justo llenarlo de dolor, de miedo, de inestabilidad y problemas emocionales su vida completa.

La parte educativa fue tomada de la charla Disciplina Positiva, impartida por la lic. Wanda Mateo de Rodríguez y es, a la vez, un extracto del material del curso PECES, impartido por profesionales en el Instituto de la Familia.

Y como de seguro no me van a creer a mí, aquí hay más información sobre educar sin pegar. Y en acabar con el castigo

La imagen es de http://www.filium.org/

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3 comentarios en “Educar para y en la paz

  1. Me encantó este artículo. Estoy totalmente de acuerdo, lo subí a FB para compartirlo con algunos amigos y familiares que son padres, yo no lo soy, pero soy maestra y trato con niños todos los días 🙂

  2. Gracias por compartirlo. me imagino que me diste el crédito.

  3. Simplemente, puse un vinculo de tu artículo en FB :). Para quien lo quisiera leer, entrara a tu blog.Jamás me he apropiaría un artículo, respecto la propiedad intelectual.Saludos!

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