Cuando dar es mejor que recibir.

Cuando yo estaba en el colegio, a veces nos quejábamos de alguna gotera en el aula, las butacas eran como de la década del 60′: puro hierro macizo, con madera de verdad, no formica, y pesaban quintales. Por tanto, a veces nos quejábamos cuando teníamos que moverlas (estaba prohibido arrastrarlas, claro). El baño era un reto de rapidez, “a lo que vinimos”, si llovía el patio se llenaba de agua y te molestaba que tu compañero de atrás te ensuciara tu linda mochila con sus pies enlodados. Yo nunca he sido gente de quejarme demasiado pero era bastante frutafina así es que sufría para adentro. Aire acondiconado? ni las aulas de la universidad tenían de’so. Al llegar a Apec, la situación no fue mucho mejor, cómo olvidar el gallinero y el laboratorio de fotografía?

Este viaje al pasado me vino a la mente el sábado anterior cuando mis compañeros de mi nueva agencia y yo -100 y pico de mortales- vimos cara a cara la verdad: vimos cómo viven todos aquéllos que están fuera de nuestra preciada burbuja.

Gracias a una hermosa iniciativa de dos de la mujeres más emprendedoras que conozco, estos despreocupados seres emplearon sus horas, su sudor, su trabajo en reconstruir una escuelita en un poblado de Villa Mella. El Paraíso Escondido no fue sólo el nombre de esta escuela, sino la riqueza que todos encontramos en las miradas limpias de esos niños y, sobre todo, en el corazón de todos nosotros. Allí no oímos quejas ni reclamos de nadie, allí no importaron ni los rangos ni los sueldos, allí nadie cuidó sus uñas, ni su pelo… amiga, el glamour NO lo es todo. Y a pesar de que la lluvia nos impidió ver terminada nuestra obra, lo que se construyó dentro de nosotros será más duradero y valioso.

Por eso recuerdo nuestras tontas quejas de antes, porque esos niños, en aquella “construcción” maltrecha, improvisada, a base de cartones viejos, zinc podrido, acogía a más de cien niños que con alegría y esperanza iban cada día a llenar sus ganas de aprender. Y nosotros que nos quejamos tanto, por todo.

Hoy no me quejo, no me quejo ni de lo mucho que me he quejado; hoy doy gracias por la oportunidad, por el día, por el compromiso de seguir ayudando. Gracias a las doñas, a Miguel De Moya, a nuestros maestros constructores, a mis compañeros, a la vida. Nos vemos en la escuela.
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6 comentarios en “Cuando dar es mejor que recibir.

  1. Migui siempre dar es mejor que recibir… por las caritas, por los ojitos y por lo brincaquetebrinca del corazón en ambos lados…

  2. Definitivamente se siente bien, verdad?Gracias Señor por tantas bendiciones!

  3. Qué chulo involucrarse en ese tipo de actividades… de verdad que a veces nos quejamos demasiado… cuando hay otra gente que nunca ha tenido nada!

  4. Ojalá todas las empresas tuvieran la misma iniciativa.

  5. Gitti, otro día me invitas… hay que sacar tiempo para las buenas obras.

  6. Yo que he aprendido en carne propia que hay que ver de todo el lado positivo. Muchas veces esa vista es más que una opción es una necesidad. Quejarse no deja nada, ahora actuar deja mucho más

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